20-11-2001. Primera Parte del Análisis AMPLIADO EXTRAORDINARIO de las CUATRO semanas que van del lunes 22 de Octubre al domingo 18 de noviembre de 2001 del Servicio analítico-informativo de la RED VASCA ROJA.
EL POGROMO CONTRA EL MLNV Y LA CRECIENTE AMENAZA FASCISTA DEL NUEVO SISTEMA REPRESIVO ESPAÑOL DEL PP PARA TODO EL PUEBLO TRABAJADOR VASCO.
EL IMPERIALISMO EUROESTADOUNIDENSE Y CÓMO CRECE SU FASCISTIZACIÓN. La vida no es sagrada si es afgana. O kurda. O palestina. O de Burkina Fasso. O mapuche. O maya. O CÓMO LOS OPRIMIDOS VIOLENTADOS SIEMPRE TIENEN RAZÓN CUANDO RESPONDEN VIOLENTAMENTE Y POR QUÉ HUBO QUE ALEGRARSE DEL 11S. Un recuerdo del aniversario de la Revolución Rusa y de la desgracia que la reintroducción del capitalismo salvaje ha supuesto para las gentes de la ex URSS.
Los opresores y sus "intelectuales orgánicos", sus plumíferos a sueldo, los desnortados "pacifistas", los "tontos útiles", los acobardados y el rebaño de los alienados por los opresores enarbolan una hipócrita y embustera consigna para hacer frente a la violencia de los oprimidos violentados que, repito, siempre es legítima. Esa consigna reza que ¡la vida es sagrada!.
Hipócrita y embustera consigna donde las haya. Porque basta con abrir los ojos y mirar y pensar con la propia cabeza para comprobar que la vida NO es sagrada si quienes matan no son "los terroristas" sino las industrias contaminantes o los automóviles o el hambre y la falta de medicinas o los negreros de las empresas de trabajo temporal o los patronos codiciosos que ahorran en seguridad laboral o los varones enfadados con SUS mujeres.
Dejo de lado la evidencia de que quien menos puede hablar de que la vida es sagrada son los estadounidenses que ejecutan a decenas de personas anualmente, a algunas de ellas después de haber pasado más de 20 años en prisión a la espera de su ejecución por delitos cometidos cuando eran menores de edad o en situación de retraso mental. Y que suman decenas de miles de homicidios al año (30.000 en 1998 por ejemplo) pese a lo cual su industria de fabricación de armas impide con éxito cualquier intento de restringir la libre compra de sus productos.
Pero es que es imperioso enfrentar esa embustera consigna (¡La vida es sagrada!) con ejemplos como el de Bophal. Es imperioso recordar que en pleno centro de esa ciudad india la noche del 2 de diciembre de 1984 una fábrica de pesticidas estadounidense insensatamente allí construida mató a entre 16.000 y 30.000 personas mediante una fuga de gas. Y lo hizo porque, para ahorrar gastos a su empresa, los ingenieros estadounidenses habían desactivado todos los sistemas de seguridad de la fábrica.
Esa empresa se llama Unión Carbide. Su presidente en aquél momento era Warren Anderson. Se cursó una orden de arresto contra él pero abandonó su retiro en Florida y, como en el caso de Ben Laden, nadie sabe dónde se esconde. Pero el Gobierno U.S.A. no ha desencadenado una CRUZADA internacional para encontrarle. La negligencia culpable de sus ingenieros y la avidez de rapiña de beneficios por él marcada como política causaron varias veces más víctimas que las sumadas en la Torres de Nueva York y en Pentágono. Pero ni Reagan ni Bush padre ni Clinton ni Bush hijo le buscaron ni le buscan. ¿Por qué esa diferencia?
No caben más que dos respuestas. O bien lo que sucede es que la vida NO es sagrada o bien lo que pasa es que la vida NO es sagrada si es india o afgana. O kurda. O palestina. O de Burkina Fasso. O mapuche. O maya. O de cualquier nacionalidad que no sea la yanqui.
Esta segunda proposición tampoco es cierta. Porque ya hemos visto más arriba que la vida de los yanquis NO es sagrada si se trata de los centenares de condenados a muerte que la esperan en sus prisiones. Y hay que añadir que tampoco lo es la de los 42.000 yanquis que mataron los automóviles el año 1998, por ejemplo.
En mi librito titulado Esos asesinos que impunemente matan cada día a miles de personas: los automóviles, que puede leerse en abierto y bajarse, he mostrado cómo los fabricantes han conseguido convertir en naturales, en tan asumibles como si las causara un terremoto, los cientos de miles de muertes (ya más de UN MILLÓN ANUAL) que los automóviles producen. De forma que todo el mundo asume con tranquilidad que la vida NO es sagrada cuando quien mata es un coche.
La pista para entender cómo esa hipócrita y embustera consigna puede tenerse en pie la escribió Orwell: todos somos iguales pero algunos son más iguales que otros. Lo que pasa es que no todas las vidas pesan o valen lo mismo. Volviendo al caso de Bophal tenemos que el Wall Street Journal hizo al respecto un meritorio esfuerzo por explicar la diferencia de valor entre una vida india y una vida yanqui. Escribió y publicó que "Sabiendo que una vida norteamericana vale aproximadamente 500.000 dólares, y que el PNB de la India no representa más que el 1,7% del de los Estados Unidos, se puede estimar que una vida india sólo vale 8.000 dólares". En línea con el dato escandaloso pero muy conocido y vergonzosamente aceptado como "normal" de que un niño de los países enriquecidos consuma lo mismo que cincuenta niños juntos de los países empobrecidos.
Por ahí debe ir la explicación de algo que si no resulta racionalmente inexplicable. Me refiero a que, según datos de un organismo de la ONU (la FAO), el 11 de septiembre pasado murieron de hambre en el mundo 35.615 niños, más o menos DIEZ VECES más muertos que los de las Torres de Nueva York y el Pentágono. Y es obvio que ni las televisiones ni los diarios ni el Papa de Roma ni sus Cardenales y Obispos ni los Gobiernos ni los Parlamentos ni los partidos ni los sindicatos ni las ONGs ni prácticamente nadie dedicó a las muertes de esos niños ni la millonésima parte de la atención, lágrimas, lamentaciones, imprecaciones, oraciones, protestas y maldiciones dedicadas a las muertes de las Torres y el Pentágono.
La pista que hemos entrevisto en los párrafos anteriores es buena. La vida de esos 35.615 niños muertos de hambre NO es sagrada y no merece ni lágrimas ni CRUZADAS ni responsos ni Misas solemnes en Catedrales ni nada porque la inmensa mayoría de esos niños eran pobres (africanos, asiáticos, latinoamericanos, de la ex URSS). Vidas de bajo precio. Prescindibles. No sagradas.
Es imposible dejar de mencionar un caso específico que corrobora y amplía lo que acabo de decir. En efecto, hay una categoría de niños cuya muerte por hambre y enfermedad es una prueba irrefutable de que la vida de los niños NO es sagrada para los Estados capitalistas imperialistas del Reino Unido de la Gran Bretaña y de los U.S.A. CUANDO SE TRATA DE NIÑOS IRAQUÍES. Esos dos Estados llevan más de un decenio bombardeando Iraq con desprecio absoluto por el Derecho Internacional. Sus bombardeos contra Iraq han durado ya más de lo que duró la invasión estadounidense de Vietnam. El país está en ruinas y su suelo contaminado por los proyectiles con cabezas de uranio empobrecido. Los resultados de los bombardeos, unidos al bloqueo terrestre y marítimo y a las inicuas e injustificadas sanciones económicas han logrado que un país que antes de 1990 tenía un Producto Nacional Bruto per cápita de más de tres mil dólares esté hoy por debajo de los quinientos convirtiendo a Iraq en uno de los países más pobres del mundo. Datos de la ONU para el año 1999 señalaban que el 60% de la población no tiene ya acceso a agua corriente y que más del 90% de las escuelas necesitan reparaciones importantes. La FAO decía en 1997 que un 27% de los iraquíes sufren malnutrición crónica.
Pero los datos iraquíes se vuelven realmente espantosos cuando se refieren a los niños. La UNICEF informaba en 1997 que en las regiones centro y sur, que concentran el 85% de la población, la mortalidad infantil DUPLICA la del período anterior a 1991. Y de que "4.500 niños de menos de 5 años mueren cada mes de hambre y enfermedades". Uno de cada cinco niños iraquíes muere antes de cumplir seis años.
Otro informe de la UNICEF fechado el 12 de agosto de 1999 estimaba que LOS NIÑOS IRAQUÍES MUERTOS POR EL BLOQUEO SUMABAN MEDIO MILLON. "Una alternativa muy dura", comentó la Secretaria de Estado Madelein Albright en TV en 1996, cuando le preguntaron por su reacción frente a la muerte de medio millón de niños iraquíes, concluyendo: "pero pensamos que el precio vale la pena" (véase en http://www.nodo50.org/noalaguerra/otan13.htm)
¿Tengo que recordar que también para esa señora ¡La vida es sagrada!?
En la misma línea tenemos la evidencia de que no son sagradas las vidas de los ocho millones de afganos que, como comenté en un análisis anterior, ha dicho la directora de Comunicación de la Alta Comisaría de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que pueden morir de hambre si los bombardeos U.S.A. siguen imposibilitando el transporte de la ayuda internacional en alimentos imprescindibles para paliar la hambruna en el próximo invierno.
La verdad práctica sobre cuando la vida es sagrada debe ser intermedia entre las formulaciones ya examinadas. Debe estar más cerca de otra paráfrasis de la sentencia de Orwell que diga: la vida es sagrada pero hay vidas más sagradas que otras. Traducida a que la vida es sagrada si Y SÓLO SI se trata de la de los poderosos, de los ricos, de los capitalistas o la de alguien que por alguna razón convenga a los poderosos declarar sagrada.
Por ejemplo, NO es sagrada la vida de las 150.000 personas que cada año mueren de tripanosomiasis transmitida por la mosca tsé-tsé. Como lo demuestra el hecho de que el DFMO, único fármaco eficaz contra ella, ya no se fabrica. Por ejemplo NO es sagrada la vida del millón de personas, sobre todo niños de zonas rurales, que mueren cada año de malaria. Como lo demuestra el hecho de que la industria farmacéutica no investiga su vacuna porque la malaria, que afecta al 40% de la población del planeta, no incide sobre los países ricos. Por ejemplo NO es sagrada la vida de los diecisiete millones de personas que, según Médicos Sin Fronteras (MSF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) mueren al año por no poder conseguir los medicamentos necesarios. Concretamente los cerca de cuatro millones de niños menores de 5 años que mueren cada año en los países más pobres por falta de vacunas que sólo cuestan centavos de dólar.
Paso ahora a señalar que precisamente estas semanas pasadas hemos tenido otro ejemplo clamoroso, referido al SIDA y al ántrax, de la falsía, de la hipocresía y de la insultante mofa que implica el tan manoseado, pseudopacifista y pseudohumanista eslogan ¡La vida es sagrada!. Ese instructivo y clarificador ejemplo al que voy a dedicar algún espacio revela el diferente peso, la diferente sacralidad de las vidas sudafricanas o brasileñas y las vidas yanquis. Empiezo el asunto por el SIDA.
Veamos primero algunos datos de los que divulga el Programa de Naciones Unidas para el SIDA (ONUSIDA): entre 1980 y el año 2000 hubo 36 millones de personas infectadas con el virus VIH de los cuales han muerto ya de SIDA 21.800.000. En el año 2000 murieron 3 millones y se infectaron 5.300.000 personas de las cuales 600.000 fueron niños menores de 1 año contagiados por la madre en el embarazo o durante la lactancia. Cada minuto seis jóvenes con edades inferiores a los 25 años se infectan con el VIH
Sucede que Africa es la gran sufriente de esta epidemia. Acapara las tres cuartas partes de los muertos y 25 millones y medio de los infectados (el 70% del total de los adultos y el 80% de los niños infectados) en el mundo y la casi totalidad de los "huérfanos del SIDA". 15.300.000 de los 15.800.000 niños a quienes el SIDA mató uno de sus progenitores o los dos. 2.400.000 de los tres millones de muertos por SIDA en el año 2000 fueron africanos. Y 3.800.000 de los 5.300.000 afectados lo fueron en el Africa Subsahariana. En el África del SIDA la esperanza de vida HA BAJADO en los últimos diez años hasta sumar ahora 40 AÑOS MENOS que la que disfrutan los ciudadanos de los países enriquecidos por el capitalismo depredador.
Dentro de este desastre africano la africana Sudáfrica ostenta este año 2001 el triste campeonato mundial del SIDA. Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud tiene más infectados que nadie (4.700.000, el 12% de la población, uno de cada nueve habitantes son seropositivos o han comenzado ya a desarrollar el SIDA) con un salvaje ritmo de incremento: mas de 2.000 personas contraen diariamente el virus y tiene infectados casi el 25% de los adultos cuando hace dos años tenía "sólo" el 12,9%. El SIDA causa en Sudáfrica (como en Botswana y Zimbabwe) al menos la mitad de las muertes infantiles.
El brutal y casi insoluble problema que estos hechos planteaban a Sudáfrica es que la terapia utilizada para tratar a los pacientes con SIDA en los países occidentales tiene un precio de unos 20.000 dólares anuales (unos 3.600.000 pesetas) porque prácticamente todos los anti-retrovirales empleados para detener el virus del SIDA están protegidos por patentes y se venden a precios entre cuatro y doce veces superiores a los de sus equivalentes genéricos, disponibles en el mercado internacional.
Conviene recordar que el promedio de los gastos de salud en el continente africano es de menos de 10 dólares per cápita. Y eso es un promedio, por ejemplo Nigeria dedica 3 dólares por persona y año a gastos sanitarios.
Es imprescindible que en este momento recuerde a quien me lee que, según el Informe hecho público por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 20 de junio de 2000, el mínimo que un país debe gastarse para asegurar una atención médica eficaz es de 60 dólares por persona y año. Igualmente imprescindible es añadir que en 1999 se gastaron en el mundo en atender la salud dos billones y medio de dólares. Billones europeos (un billón igual a un millón de millones a diferencia del "billion" yanqui que equivale a sólo mil millones), es decir dos millones y medio de millones de dólares de gasto sanitario mundial que vino a ser el 10% del PIB mundial.
Hagamos ahora un fácil calculo: lo antedicho supone que si un país gasta el mínimo OMS de 60 $ por persona y año en salud y ese gasto mantiene el 10% de promedio mundial de gasto sanitario sobre el PIB ese país tiene que tener un mínimo de 600 $ anuales de PIB per cápita. Ahora bien, a finales de junio del 2000 la prensa mundial se hizo eco de un estudio realizado por dos canallas: los profesores Dan Ben-David, de la Universidad de Tel Aviv, y L. Alan Winters, de la Universidad de Sussex. Estudio encargado (y pagado, claro) por el secretariado de ese siniestro lacayo de las empresas transnacionales capitalistas depredadoras del planeta y también lacayo del complejo militar-industrial que domina a U.S.A. y que tiene por mal nombre Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO). Ese fementido estudio se presentó a la prensa mundial como la contribución de la OMC al debate sobre los efectos del comercio en el desarrollo. Y, como no podía ser menos habida cuenta de quien lo encargaba y pagaba, concluyó desvergonzada y cínicamente que "el proceso de liberalización comercial" es "un factor de crecimiento económico y de reducción de la pobreza". Pese a esas torticeras conclusiones en el cuerpo del estudio los autores reconocían que" la brecha que separa a ricos y pobres seguirá creciendo sin parar". Y, según una de las conclusiones del estudio, "la creciente disparidad en los ingresos entre ricos y pobres se doblará en 150 años si sigue el ritmo actual".
Pero si cito ese estudio es porque, a pesar de todo, reconoce que hay en el planeta nada menos que 1.200 millones de personas (una de cada cinco) que viven con unos recursos que no llegan a sumar un dólar al día (son las gentes que la ONU dice que viven en situación de "extrema pobreza" y mayoritariamente –900 millones- viven en áreas rurales). El estudio reconoce, además, que si a ésas se les añaden las que disponen de entre un dólar y menos de dos al día suman 2.800 millones de personas (casi la mitad de la población humana del planeta Tierra) las que viven (malviven, malmueren) con menos de dos dólares diarios. Es decir, con menos de 730 dólares al año.
No nos dicen sus autores cuántas personas viven con menos de un dólar sesenta y cuatro centavos al día, es decir, con menos de los 600 dólares al año que párrafos más arriba calculamos como necesarios para que, gastando el 10% en atención médica, ésta fuera eficaz. Pero si hacemos el supuesto (arbitrario) de que los 1.600 millones que de esos 2.800 disponen de entre 1 dólar y 1 con 99 centavos al día se reparten por igual entre los veinte grupos que van subiendo de 5 en 5 centavos de ingresos diarios hallamos una cantidad aproximada de 2.160 millones de personas con ingresos inferiores a 600 dólares al año. QUE SERÍAN LOS 2.160 MILLONES DE PERSONAS, COMO MÍNMO, CONDENADAS A NO PODER TENER UNA ATENCIÓN MÉDICA EFICAZ. Digo como mínimo porque es bien sabido que no basta con tener el dinero mínimo porque ése es un requisito necesario pero no suficiente. Hace falta además contar con los recursos humanos (médicos, enfermeras, auxiliares, practicantes, etc.) necesarios, con la infraestructura (hospitales, ambulatorios, quirófanos, máquinas) necesaria y con una Administración mínimamente entrenada, honesta y capaz.
Es así como un torticero estudio nos revela, sin quererlo, que NO es sagrada la vida de al menos 2.160 millones de personas para los bloques de clases dominantes, para las oligarquías dominantes de las Estados capitalistas y de sus herramientas vasallas (OMC, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc.) cuya forma de controlar la vida económica de este planeta ha colocado en el pasado y mantiene ahora en el presente a esos millones de personas en la situación de contar con menos de un dólar sesenta y un centavos al día. Una estimación de la ONG Médicos Sin Fronteras, utilizando otros métodos, obtiene datos similares a los que he expuesto más arriba. Ha proclamado que son DOS MIL MILLONES las personas que en el mundo no tienen acceso a una asistencia médica eficaz, aquéllas para las que "el elevado precio de los medicamentos o su falta de disponibilidad constituyen a menudo una sentencia de muerte",
Hecho ese imprescindible inciso vuelvo al problema del precio de los medicamentos para paliar los estragos del SIDA. Pues bien, en Sudáfrica, utilizando productos patentados, el coste de un tratamiento retroviral combinado es de 10.000 dólares estadounidenses por persona y año. Si el Gobierno quisiese asegurar el tratamiento para una proporción similar a la que en Brasil ha permitido bajar a la mitad la mortalidad por SIDA (lo que equivaldría atender con urgencia a unas 700.000 personas), tendría que gastar unos 7.000 millones de dólares. Y eso supone VEINTISIETE VECES el presupuesto público sudafricano total para gasto en medicinas. La empresa india Cipla Limited, con sede en Bombay, ofrece a precio reducido una combinación de medicamentos similares al "cóctel" triple de pastillas contra el SIDA comercializado en los países industrializados. Lo ofrece a ONGs a 350 dólares anuales (unas 63.000 pesetas). Eso viene a equivaler más o menos (dependiendo de la cotización del dólar) a alrededor de 180 pesetas al día. Que ciertamente es muchísimo menos que las entre 4.100 y 4.900 pesetas día que cuesta en el Estado español. Pero 180 pesetas diarias es casi exactamente la cantidad TOTAL (1 dólar al día) con la que malviven (malmueren) gran parte de los habitantes del África subsahariana. Conviene insistir en recordar que el África subsahariana abarca 47 países y 580 millones de personas. Al 69% de ellas les resulta imposible cubrir sus necesidades básicas. Un 55% carece de agua potable y un 43% son analfabetas.
El Gobierno de Sudáfrica zanjó su dilema autorizando tanto la importación de genéricos como la fabricación de medicamentos sin licencia del dueño de la patente. Y el 5 de marzo de 2001, 39 de las más importantes empresas farmacéuticas del mundo, demostrando que para ellas NO es sagrada la vida de los sudafricanos demandaron al Gobierno sudafricano ante el Alto Tribunal de Pretoria por haber aprobado su Ley sobre Medicamentos. Y ello aunque las normas de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) incluyen la concesión obligatoria de licencias, por la que un país puede permitir a otro la fabricación de un medicamento, incluso sin el permiso del dueño de la patente.
La movilización mundial que esos hechos desencadenaron forzó a las 39 poderosísimas empresas farmacéuticas multinacionales y nacionales a que firmaran el 19 de abril de 2001 un acuerdo con el Gobierno sudafricano, por el que reconocen su derecho a fabricar e importar genéricos ANTISIDA.
Como comunista necesito manifestar aquí mi orgullo porque sin duda uno de los factores que empujaron a las farmacéuticas a firmar ese acuerdo fue el anuncio hecho el 20 de marzo de 2001 por el Comandante Fidel Castro de apoyo a Brasil y Sudáfrica. Y de que ese apoyo se concretaba en que el formidable y ejemplarmente comunista sector de la Medicina y Sanidad de Cuba (que tan magníficos servicios solidarios ha prestado a tantos pueblos empobrecidos y explotados del planeta) estaba ya fabricando genéricos antiSida saltándose las patentes de las empresas farmacéuticas transnacionales. Es otro de tantos casos en los que "El comandante mandó a parar". Y se paró.
Sigamos. Caso análogo al de Sudáfrica es el de Brasil, que ha conseguido la hazaña de reducir a la mitad la mortalidad por SIDA gracias a su política de utilización y fabricación de medicamentos genéricos. Para lograr ese éxito, Brasil invierte 330 millones de dólares anuales en medicamentos y fabrica en laboratorios públicos ocho de los doce componentes del denominado cóctel anti-retroviral.
Sucede que mientras las multinacionales farmacéuticas demandaban al gobierno sudafricano eran los Estados Unidos quienes denunciaban a Brasil frente a los jueces de la Organización Mundial de Comercio demostrando que para los U.S.A. tampoco son sagradas las vidas de los brasileños infectados por el VIH. Sucede también que Brasil no ha violado ninguna norma internacional, pero el Gobierno U.S.A., como el diligente y atento agente defensor que es de los intereses y beneficios de las empresas transnacionales yanquis, sostiene que la ley brasileña de patentes es "comercialmente discriminatoria". Esa ley brasileña prevé que si una empresa extranjera no fabrica fármacos con su patente en el país, el Gobierno del Brasil puede dar licencia a empresas locales para producir genéricos invocando necesidades de emergencia o de interés público.
Tengo ahora que hacer otro inciso en este relato. Debo hacerlo como saludable recordatorio de que hoy más que nunca cualquier persona decente del planeta Tierra tiene que ser ANTIAYANQUI pero que ese "antiayanquismo" debe ser correctamente dirigido contra el Gobierno de los Estados Unidos y contra su rapaz y genocida bloque de clases dominante, contra el complejo militar-industrial que ilegalmente detenta de facto el poder, y no contra los pueblos que habitan en los Estados Unidos y que bastante desgracia tienen, los pobres, con tener que soportar a esa bestial oligarquía. Aunque, alienados por ella, la jaleen y "cierren filas" tras ella como está sucediendo tras el ataque del 11S. El inciso consiste en recordar que en la primera semana de julio de 1999 una asociación estadounidense (Act-Up -AIDS Coalition to Unleash Power, Coalición del SIDA para Desencadenar Poder - véase p.e la web de Act-Up de New York) hizo público un comunicado en el que denunciaba y condenaba que los Estados Unidos se habían convertido en "cómplice de la epidemia de SIDA en Africa" al prohibir a los países más pobres el acceso a los medicamentos genéricos..
Volviendo al hilo de mi relato tengo que añadir que, además de esa bronca que le montó el Gobierno de Bush, desde primeros de este año 2001 Brasil ha estado teniéndoselas tiesas con la transnacional suiza ROCHE y con su competidor NOVARTIS. Frente a las presiones el ministro brasileño de Salud, José Serra anunció el 22 de agosto de 2001 su decisión de no respetar la patente ROCHE del medicamento Nerfinavir, que supone un consumo anual de 92,4 millones de dólares del presupuesto público en medicinas contra el SIDA. "La posición del Gobierno es negociar para obtener precios justos, pero Roche estaba inflexible", dijo Paulo Teixeiro, jefe del programa brasileño contra el SIDA. ROCHE puso el grito en el cielo argumentando que vendía a Brasil su medicamento con un precio un 50% por debajo del fijado para el mercado U.S.A. y que había rebajado en Brasil el precio un 35%. Pero el Ministerio brasileño de Salud se mantuvo firme diciendo que no revocaría su decisión a menos que Roche rebajara el precio como mínimo un 40%. En abril el laboratorio yanqui Merck Sharp & Dohme había rebajado los precios de sus fármacos contra el SIDA Indivanir y Efavirenz un 64,66 y un 59,02%, respectivamente. (Dicho sea entre paréntesis, esas rebajas y diferencias de precio demuestran a las claras el salvaje margen de beneficio y la brutal extracción de plusvalía vía precios que practican esas empresas farmacéuticas transnacionales).
El 15 de noviembre de 2001 he leído que la OMS saluda como un "Acuerdo histórico" la Declaración Ministerial que la Organización Mundial del Comercio (OMC/WTO) acaba de hacer en Doha (Qatar) sobre el acceso a los medicamentos esenciales. En la que afirman que el Acuerdo relativo a los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Acuerdo sobre los ADPIC) deberá ser interpretado y aplicado de una manera que apoye el derecho de los miembros de la OMC a proteger la salud pública y a promover el acceso a los medicamentos para todos. De forma que los países empobrecidos por el capitalismo (naturalmente la OMS no utiliza esa que es la correcta conceptualización que corrige las disfrazadoras y engañadoras expresiones que rezan "países pobres" o "países en vías de desarrollo"), en casos de emergencia sanitaria, puedan fabricar medicinas sin autorización de las transnacionales propietarias de las patentes
¡Ojo! A ese entusiasmo de la OMS hay que ponerle sordina. En la práctica las potencias capitalistas empobrecedoras del mundo han hecho una mínima concesión que, además, amortiza las derrotas ya sufridas ante Sudáfrica y Brasil. Pero han conseguido bloquear la complementaria decisión de permitir la exportación de genéricos. De manera que el acuerdo de Doha sólo beneficia realmente a China, la India, Brasil, Sudáfrica y Cuba que son los Estados empobrecidos del planeta que, hoy por hoy, tienen capacidad científica e industrial suficiente para fabricar esos genéricos.
Otro reparo más y muy grave. Ese Acuerdo sobre los derechos de propiedad intelectual ligados al comercio (ADPIC-TRIPS) que tan contenta ha puesto a la OMS encierra un gravísimo peligro y un abuso capitalista intolerable: uno de sus muy preocupantes objetivos es patentar todo lo relacionado con los procesos biológicos y convertirlos en materia de compra-venta. Convertir en mercancía las claves de la vida.
Pero ahora resumo y retomo el hilo de mi argumentación básica de este capítulo del análisis: la crucial cuestión de la fabricación de medicamentos demuestra también que la vida NO es sagrada para las potencias imperialistas cuando esa vida es la que anima cuerpos de africanos, asiáticos, latinoamericanos o empobrecidos habitantes de los países del extinto Pacto de Varsovia.
Que esto, tan brutal, tan esencial e intolerablemente injusto, es así nos lo ha demostrado también estas ultimas semanas el espectacular asunto de los ataques con ántrax (con carbunco que es el término en español) en los Estados Unidos. Es bien sabido que los envíos por correo de cartas con esporas de ántrax han producido en Estados Unidos desde septiembre pasado hasta el momento cuatro muertes y una veintena de infectados, amén del cierre espectacular para su revisión y desinfección de edificios emblemáticos (Congreso de los U.S.A., oficinas gubernamentales, edificios de la CIA, oficinas de correo, sedes de cadenas de televisión, etc.). El fenómeno ha sido magnificado por el Gobierno U.S.A. y los medios de comunicación de masas yanquis para incrementar la demonización de Ben Laden y de su "terrorismo islámico". Con las acostumbradas secuelas de histeria, aumentos espectaculares de las ventas de máscaras antigás, etc., etc.
Al respecto conviene señalar que:
1º Hasta ahora los organismos policiales U.S.A. no han encontrado ninguna prueba que relacione los envíos por correo de ántrax con Ben Laden o los "terroristas islámicos" (han descartado hasta investigar si había esporas de ántrax en los apartamentos de Miami localizados como residencia de los comandos suicidas de los aviones del 11S). Ni con nadie en concreto. Hasta el punto de que la Presidencia U.S.A. ha ofrecido una recompensa de un millón y medio de dólares (283,5 millones de pesetas) a quien ayude a resolver el enigma.
2º Hay fuertes sospechas de que los autores de los envíos sean ultraderechistas estadounidenses. Avaladas por el hecho de que las dos enviadas con la misma fecha a dos senadores (ambos del ala liberal del partido demócrata) tengan la misma caligrafía, el mismo lenguaje y el mismo remite. Y la misma torpona imitación de lo que un yanqui ultra creería ser inequívoco lenguaje de Ben Laden (frases como "Alá es grande" o "Muerte a Israel, muerte a América"', sin caer en la cuenta de que hay que ser yanqui para decir "América" cuando se quiere nombrar a los U.S.A.)
3º Sean o no yanquis ultras quienes han hecho los envíos, lo que es un hecho cierto es que, como ha denunciado la revista The New Scientist, los detalles sobre la composición de la sustancia enviada al senador Daschle descartan su fabricación en Iraq e indican que fue secada de acuerdo con los métodos secretos utilizados por los laboratorios militares estadounidenses o que el cultivo de ántrax utilizado en los ataques proviene de instalaciones biomilitares de Estados Unidos (La mayor parte de los 900 kilogramos de ántrax fabricados por los militares yanquis fue, oficialmente, destruida a principios de los 70, cuando Washington renunció a la guerra bacteriológica).
4º Son también hechos probados: A) que el empleo de medios de guerra biológica es extremadamente difícil de comprobar. B) Que en los únicos tres casos que han sido probados por encima de cualquier duda el uso de agentes patógenos fueron acciones de Terrorismo de Estado perpetradas por los Estados Unidos.
Esos tres casos son: Primero) Un plan de asesinato del presidente de Cuba Fidel Castro por parte de la CIA documentado por una comisión de investigación del Congreso de U.S.A. La CIA contaminó: a) el sistema de respiración de un traje de buceo con la bacteria que causa tuberculosis (tuberculosis bacilli), y b) el traje mismo con un hongo (madura foot) que produce una enfermedad incurable de la piel; Segundo) El intento de asesinato dirigido por la CIA contra el líder del Congo, Lumumba, también documentado por el Congreso U.S.A. El botulinum fue escogido por el oficial de la CIA Sidney Gottlieb en el Centro de Guerra Bacteriológica del ejército yanqui en Fort Detrick, Maryland, de "entre una lista del Cuerpo Químico del Ejército que contenía materiales que causarían tularemia (fiebre de conejo), brucelosis, tuberculosis, ántrax, viruela y la encefalitis equina venezolana". Tercero) Realizado en Colombia por los U.S.A. hace unos meses dispersando hongos desde aviones, contra plantaciones de la coca.
Sin probar tan irrefutablemente como esos tres casos está la denuncia que en septiembre de 1981 Fidel Castro hizo en la 68º Conferencia de la Unión Inter-Parlamentaria en La Habana de que los U.S.A. estaban empleando "armas biológicas contra Cuba". Fidel señaló la estadísticamente inexplicable anomalía que en la situación epidemiológica del Caribe y de Centroamérica suponía el hecho de que Cuba hubiera sufrido en menos de tres años cinco peligrosas epidemias que afectaron a la población, las plantas de cultivo y los animales: el «dengue hemorrágico» y la conjuntivitis hemorrágica, un hongo que destruyó las plantaciones de tabaco, un hongo contra la caña y la fiebre porcina africana..
5º Es sin duda resaltable el hecho de que haya sido precisamente el Presidente yanqui quien haya boicoteado y paralizado el convenio internacional contra el uso de armas biológicas que el mes de julio pasado estaba listo para su firma tras siete años de difíciles negociaciones, Cuando llegó el momento de su ratificación Bush lo abortó aduciendo que "pondría en riesgo a la seguridad nacional y la información comercial confidencial". Por cierto que eso lo convertía en el cuarto convenio internacional bloqueado en seis meses por el Presidente yanqui. Siendo los otros tres el Protocolo de Kioto, la limitación del contrabando de armas ligeras y la creación del primer Tribunal Penal Internacional permanente. Y siguiendo la tradición de los últimos Presidente U.S.A. (Bush padre y Clinton) de bloquear convenios internacionales al servicio del complejo militar-industrial (p.e. los Tratados de biodiversidad en 1992, de las minas terrestres de 1997 y de no-proliferación nuclear de 1999).
Pero, siendo todo lo anterior sin duda importante y pertinente, lo que ahora me importa del caso "ántrax en U.S.A." es lo dramática y espectacularmente que corrobora la tesis que vengo demostrando en estas páginas: la de que la hipócrita y pseudopacifista consigna ¡La vida es sagrada!, usada como una maza y una letal amenaza contra todos los movimientos de resistencia antiimperialista y anticapitalista del planeta, es continua y desvergonzadamente violada por los mismos que la proclaman.
En efecto, nada demuestra tan apodícticamente mi tesis de que si la vida es sagrada hay vidas que son más sagradas que otras como el revelador y clarificador hecho de que Estados Unidos y Canadá hayan amenazado con no respetar la patente de la BAYER que fabrica el antibiótico Cipro, usado contra el ántrax. Millones de vidas africanas o brasileñas amenazadas por el SIDA no eran lo suficientemente sagradas como para que los Estados Unidos dejaran de oponerse a la fabricación de genéricos contra el SIDA. Pero tan solo cuatro vidas yanquis perdidas por ántrax han sido lo suficientemente sagradas como para decidirse a violar la patente de la BAYER. Y ello porque BAYER no podía producir suficiente cantidad de su fármaco para la brutal demanda desencadenada por la histeria yanqui. E Gobierno de Canadá negoció con BAYER el suministro de Cipro bajando del precio habitual de 330 euros a ¡¡¡ sólo 90 euros la caja de 60 pastillas!!! Después el Gobierno U.S.A. llegó a un acuerdo parecido a sólo 95 centavos de dólar por pastilla. Pero suceden cuatro cosas: 1) que U.S.A. ha reconocido que no puede garantizar la seguridad de su correo; 2) que por eso U.S.A quiere crear un stock de 1.200 millones de pastillas; 3) que BAYER sólo puede fabricar 60 millones al mes; 4) que un laboratorio indio podría suministrar genéricos a sólo 11 euros por caja. Así que las que hasta ayer U.S.A. proclamaba inviolables patentes de medicamentos van a ser violadas por los mismísimos U.S.A. Porque se han perdido cuatro sagradas vidas yanquis.
Como estrambote de este revelador asunto sólo me resta añadir dos datos: uno esperable y el otro asombroso. El esperable es que el Gobierno de U.S.A. han filtrado al New York Times que, con su acostumbrada hipocresía, va a acusar públicamente a Corea del Norte, Irak, Irán, Libia y Siria de fabricar armas biológicas durante la conferencia que en Ginebra reunirá a los 144 países signatarios de la Convención de 1972 que las prohibía.
El dato asombroso es que los U.S.A. se empeñan en acopiar sólo el carísimo Cipro cuando los científicos indican que otros muchos antibióticos (como las amoxicilinas del tipo Clamoxyl o Augmentine) son igual de eficaces que él. Pregunta ingenua: ¿Son poderosas o no son poderosas las empresas transnacionales farmacéuticas?
La ideología (es decir, la falsa conciencia necesaria que los "intelectuales orgánicos" fabrican y las clases dominantes inyectan en las mentes de los dominados para hacer más fácilmente sostenible la explotación de la humanidad) ostenta como uno de sus más acabados logros el hecho de que las masas dominadas acepten que son a la vez verdad la falaz consigna que reza ¡La vida es sagrada! y la inevitabilidad natural de las muertes por accidentes de trabajo. Como si estos fueran tan naturales, tan inevitables, como los terremotos o los huracanes o las erupciones volcánicas.
La ideología dominante, que es siempre la ideología de las clases dominantes, proclama hoy que YA no existe la lucha de clases. Y sin embargo lo cierto es que cada día la lucha de clases produce muertes de obreras o de obreros. Aunque el fenómeno es universal lo contemplaré aquí sólo con los datos del Estado español y de Euskal Herria Sur.
Las obreras y los obreros y las naciones oprimidas del Estado español perdieron la guerra abierta que en 1936 les declaró y les hizo el bloque de clases dominante. Esa era una guerra en la que disparaban con cañones, fusiles y ametralladoras. Pero hoy las obreras y los obreros y las naciones oprimidas del Estado español padecen una guerra continua que los capitalistas españoles les hacen en las fábricas y en los tajos, en las eras y en el mar. Cada mañana, cuando los obreros y empleados, los jornaleros del campo, los pescadores y los campesinos echan a andar hacia su lugar de trabajo, van a la guerra. Una guerra en la que tienen todas las de perder. Una guerra en la que disparan contra ellas y ellos con las máquinas y los andamios. En la que los obuses y las bombas y las balas están substituidos por los tornos y las calles y las cadenas de producción. Y, lo mismo que en la guerra de las balas, cada día hay bajas. Cada día hay muertos, hay heridos, hay mutilados. Las condiciones de trabajo, la "Seguridad e Higiene en el trabajo" en el Estado español, suponen una guerra cotidiana de los empresarios capitalistas contra los trabajadores. La insaciable avidez de beneficios de esos capitalistas les empuja a aumentar como sea el excedente extraído al trabajo de los que explotan. Y para ello necesitan disminuir constantemente los costes de producción y una de sus formas favoritas de hacerlo es gastar cuanto menos dinero mejor en medidas de seguridad e higiene en el trabajo. La frecuencia y gravedad de los accidentes de trabajo en el Estado español constituyen una sangrienta página, una tragedia cotidiana cuyos versos bárbaros se escriben con sangre obrera. Las cifras de muertos y mutilados permanentes son cifras de guerra. Cuando empieza el año a cada grupo de dieciséis trabajadores ocupados del Estado español les reparten papeletas, una a cada uno. Infaliblemente una de cada grupo de 16 papeletas tiene un sangriento premio. Al que le toque, le tocará sufrir un accidente de trabajo. (Al acabar el siglo XX, en la Encuesta de Población Activa del 4º trimestre de 2000 se contabilizaban 14.610.800 trabajadores ocupados en el Estado español y se produjeron 935.359 accidentes laborales con baja en el año 2000 con casi cuatro muertes diarias: 1.133 en el año. A las que hay que sumar un centenar más de las que se registran oficialmente porque alrededor del uno por ciento de los accidentes de trabajo clasificados como graves, unos 10.000 cada año, produce una muerte días o semanas después de ocurrido el accidente y como consecuencia de éste. Sin contar las 758 muertes ocurridas en el trayecto de ida o vuelta del lugar de trabajo).
El Estado español es el país con mayor tasa de siniestralidad de la Unión Europea según la tercera encuesta de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo. Y el segundo país de la UE, detrás de Portugal, en incidencia de accidentes de trabajo con baja, después de haber eliminado los accidentes no traumáticos (infartos y derrames) y los in itinere (que ocurren yendo y volviendo del trabajo). Y el único país de la Unión Europea donde el riesgo de accidente de trabajo ha crecido en los últimos años. La incidencia de accidentes de trabajo con baja en jornada (sin tener en cuenta los in itinere) se incrementó de 1993 a 1999 en un 5,4 % medio anual.
Aún más. La avidez de beneficios de los capitalistas se ha agravado en los últimos años utilizando para satisfacerla el aumento brutal de la precariedad en el trabajo mediante el crecimiento de la contratación temporal (son 3,6 millones los contratados temporalmente en el Estado español y casi un millón a tiempo parcial). Pero sucede que el riesgo de tener un accidente de trabajo mortal ha sido a lo largo de la toda la década de los noventa en el Estado español dos veces y media superior entre los trabajadores con contrato temporal respecto a los de contrato indefinido. Entre los trabajadores con menos de tres años de antigüedad la incidencia de accidentes de trabajo con baja en jornada fue más del doble respecto a los que tenían una antigüedad mayor de tres años.
En Euskal Herria Sur entre enero y agosto de este año 2001 se han sumado ya casi 50.000 accidentes de trabajo con baja laboral, 206 accidentes diarios. Y son ya 82 muertos en accidentes laborales los que sumamos en lo que va transcurrido del 2001.
¿Se entiende cómo la vida NO es sagrada si quien mata no son "los terroristas" sino los capitalistas que provocan mortales accidentes de trabajo con su criminal ahorro de gastos en medidas de seguridad?
Es imprescindible añadir ahora un último y definitivo ejemplo sobre lo que vengo explicando. El de la intolerable coincidencia de la proclamación de la consigna ¡la vida es sagrada! con la indiferente aceptación de la impune y cotidiana tortura y matanza patriarcal de mujeres en el mundo.
Todo el mundo se alarma cuando se le dice que una epidemia afecta al 20%, a una quinta parte de un segmento de la población de un país. Como por ejemplo hice yo en este análisis al hablar del 25% de adultos infectados por el virus del SIDA en Sudáfrica. Ahora bien, la infamia del patriarcado agravada por el capitalismo revela su crudo horror en el hecho de que los varones del planeta Tierra se quedan tan tranquilos cuando se les dice que hay una epidemia mundial que afecta al 20% de las mujeres. Una epidemia. Una plaga cuyos agentes mortales son ellos mismos: los varones que maltratan y torturan a sus mujeres. Una plaga que dura ya alrededor de una docena de miles de años (cuando se produjo la primera derrota histórica de la humanidad: la apropiación privada de las mujeres) y que sigue sin recibir tratamiento.
No quiero dejar de empezar recordando que la Iglesia Católica Apostólica y Romana ostenta un excepcionalmente triste historial de fomento de la violencia contra las mujeres. Baste recordar que la quema de brujas fue ordenada por el papa Gregorio IX. Y que comenzó en Tolouse en 1275 llegando hasta Posen en 1793 con un récord total de alrededor de 80.000 mujeres así abrasadas por las llamas.
El pasado 6 de marzo de 2001 Amnistía Internacional difundió en Lausana (Suiza) el informe Cuerpos rotos, mentes destrozadas, cuyo dato clave es que al menos 2 de cada 10 mujeres en el mundo han sufrido malos tratos físicos o agresiones sexuales. El informe se basó en estadísticas del Banco Mundial, completadas con otros estudios que contabilizaban por ejemplo que en Estados Unidos cada 15 segundos una mujer sufre malos tratos o que en la India suben a ser más del 40% de las mujeres casadas las que dicen haber sufrido golpes o abusos sexuales por parte de sus compañeros o maridos. El 21 de noviembre de 2000 la Comisaria de Empleo y Asuntos Sociales de la Unión Europea usó datos del Eurobarómetro para denunciar que en la "civilizada" y "democrática " Unión Europea una de cada cinco mujeres ha sufrido malos tratos de su marido o compañero al menos una vez en la vida.
Amnistía Internacional afirmaba en su Informe que "la tortura está arraigada en una cultura que en todas partes niega a las mujeres la igualdad de derechos y trata de legitimar la violencia que se ejerce sobre ellas".
Que nadie invoque que se trata de tradiciones o de costumbres. Porque se trata de una salvajada amparada por el Derecho, por las legislaciones establecidas por los varones que legitiman la sumisión de la mujer y concretan los castigos aplicables en caso de rebeldía o desobediencia. Tan cerca en el tiempo como en 1869, cuando John Stuart Mill escribió La sujeción de las mujeres, la ley aplicada en nombre de Su Majestad Británica autorizaba a golpear a las mujeres con un palo, siempre y cuando el palo no fuera más grueso que un pulgar. ¡Y esa ley suponía un avance, una mejora porque antes de ella los golpes se podían aplicar con lo que el varón quisiera!. Y ahora, ya en el siglo XXI, cuatro millones de mujeres jóvenes y niñas son cada año objeto de compra y venta para ser prostituidas, esclavizadas y obligadas a contraer matrimonio forzoso en todo el mundo, según datos que acaba de facilitar el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF),
Violencia contra las mujeres en el mundo y en Europa. Por supuesto también en el Estado español. Y reconocida como un hecho por los súbditos de ese Estado. En la encuesta del estudio nº 2.411 del Centro de Investigaciones Sociológicas (BARÓMETRO DE MARZO 2001) se preguntó así: "¿cree Ud. que la violencia doméstica hacia las mujeres está muy extendida, bastante, poco o nada extendida en nuestro país?" Nueve de cada diez (88%) dijeron que mucho (38%) o bastante (50%). No llegaron al uno por ciento (0,5%) los que dijeron que nada. Y Una encuesta del Instituto de la Mujer estableció en 1999 que, sobre un total de 15.028.000 mujeres españolas, 1.865.000 eran consideradas técnicamente como maltratadas y otras 640.000 se autodefinían como tales. En total sumaban el 17% de las mujeres españolas mayores de 18 años.
La intolerable tortura cotidiana de los golpes de los varones a SUS mujeres desemboca con una intolerable frecuencia en el asesinato. En el caso del Estado español en 1998 fueron 35 las mujeres asesinadas por sus maridos, compañeros o ex maridos o ex compañeros. En 1999, 42. En el año 2000, 44. El 26 de septiembre de 2001 ya sumaban 41 dentro del año.
¿Alguien ha visto al presidente del Gobierno de España o al presidente Ibarretxe convocar cinco o quince minutos de silencio o una manifestación para protestar por estos asesinatos de mujeres?
La vida NO es sagrada si quienes matan no son "los terroristas" sino los varones que matan a SUS mujeres porque se enfadan con ellas.
Creo que las páginas que llevo ya aquí acumuladas habrán dejado a quien me lee suficientemente persuadido de hasta qué punto es una grosera mofa, una burda befa, una burla infame, esa obscena e hipócrita consigna ¡La vida es sagrada!. Esa consigna, ese eslogan que constituye la columna vertebral de la argumentación que pretende dar cobertura a la creciente fascistización del imperialismo euroestadounidense. Por eso le he dedicado tanta atención y espacio. Paso ahora a reseñar otra importante línea de falsificación de la realidad (la referida a las relaciones U.S.A-mundo islámico) con la que también se trata de encubrir aquella fascistización.